miércoles, 28 de marzo de 2012

RINCÓN TEATRERO


Entre la evaluación, los exámenes, los recreos solidarios y todo eso, casi se nos olvida contaros nuestra última aventura teatrera: ni más ni menos que un paseo por la más pura bohemia madrileña de principios del siglo XX. No, no, tranquilos, no necesitamos un misterioso conjuro ni complicados inventos tecnológicos, sólo las ganas, juntarnos y dejarnos llevar por don Ramón María del Valle Inclán y las palabras de...... Luces de bohemia.










En el viaje en renfe, repasamos para un examen de formulación pero, al llegar al María Guerrero, todo se volvió teatro:
La verdad es que disfrutamos mucho, porque, por momentos, la obra tenía mucha gracia... Tanto que, en una ocasión, todos nos reímos mucho y un señor del público dijo: “¡Esto no es para reír!”... Pero, la verdad es que sí, la verdad es que eso es exactamente lo que Valle-Inclán pretendía, que nos riéramos de la tragedia; pero no para evadirnos o quitarle importancia, sino, justo para lo contrario: por medio de la deformación burlesca de situaciones trágicas, presentadas como algo absurdo, Valle-Inclán buscaba romper con la pasividad de los españoles ante la crisis de su época. El esperpento es una forma de hacer crítica grotesca que, con una carcajada, busca romper la coraza de indiferencia del público, y, poco a poco, dar paso a la toma de conciencia sobre la escena que estábamos viendo. Y, al menos con nosotros, lo consiguió, porque nos hizo reflexionar mucho: nos dimos cuenta del trasfondo de los gestos, las palabras, las realidades que se muestran en la obra, algunas no tan lejanas a lo que vivimos hoy en día...



En cuanto al montaje en sí, lo que más nos gustó fue el excelente reparto y la original escenografía y puesta en escena.
Entre los actores, estaban algunos tan conocidos como Gonzalo de Castro (en el papel de Max Estrella, el protagonista), Enric Benavent, Isabel Ordaz o Marina Salas. Nos pareció admirable su capacidad de adaptación, ya que, salvo los dos protagonistas, los demás actores encarnaban hasta tres personajes, dando a cada cual sus matices y una intensidad dramática sorprendentes.
Respecto a la propuesta escénica, agradecimos la proyección de las acotaciones más representativas, verdaderos fragmentos poéticos, porque, ya lo decía Valle-Inclán, las suyas eran “obras para leer”. 
Para terminar, de la puesta en escena queremos destacar su diversidad. Sin cambios de decorados (permanentemente unos enormes muros de libros y plataformas metálicas con escaleras), la representación estuvo llena de movimiento, algo que reconicimos como esencial en el teatro de Valle-Inclán, ya que una de sus principales características es el dinamismo.   Lo que en su época


supuso que los esperpentos no llegaran a los teatros, se convierte ahora en todo un reto escénico que, en esta ocasión, se consiguió con el uso de escenas múltiples, empleando los distintos niveles que proporconaban las plataformas y las escaleras,  la iluminación, la intervención de músicos (uno de ellos saliendo del fondo del patio de butacas), y posiciones de actores que remitían al cine mudo o a cuadros de Goya. El esperpento lo ha inventado Goya dice Max poco antes de morir...

Nos encanta compartir el teatro con vosotr@s :) Hasta la próxima, en la que, si queréis, también podréis teatrear con nosotr@s.


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